LO QUE LOS ANDALUCES SIENTEN POR EL NUEVO ESTATUTO

 
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LO QUE LOS ANDALUCES SIENTEN POR EL NUEVO ESTATUTO
 
 
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En El Nombre de Andalucía...

Ante el Referéndum que nos viene... una opinión desde la ciudadanía; ésa a la que nadie ha preguntado

Nunca pensé que, en esta vida, llegaría un día en el que tendría que decir NO, a algo que llevara el nombre de Andalucía.

En algún lugar... allí donde brille el sol y los jornaleros se sequen el sudor de la cara con la manga de su camisa, enderezando la espalda, alguien pensará: otra vez se está construyendo el futuro sin nosotros.

En algún lugar... allí donde reposan las conciencias de los que creyeron y lucharon, para que un día el pueblo andaluz fuera libre, asentirán defraudados: otra vez hemos caído en la tiranía, la peor de todas, la del dinero.

Alguien dijo que el pueblo no estaba hecho para gobernar, sino para ser gobernado.

Se equivocaba, en los albores del tercer milenio estas cosas no se podrían decir.

Aún así, tenía razón: otra vez Andalucía se va a vender a unos intereses que no son los suyos.

Serán los de un cuestionable estado nacional, unidad indisoluble o como quiera que se llame, pero no son los intereses de un territorio ocupado y oprimido... y exprimido (la riqueza, por ganancia, que se genera en Andalucía no revierte en ella, se va a otros territorios y países).

Yo pensé, agarrado a mi sueño de la cultura y de la innovación, del progreso y del bienestar, que íbamos a dar el salto, que los andaluces ya habíamos aprendido de nuestros anteriores errores y que –sin menospreciar a nadie- íbamos a gritar: ¡aquí estamos, somos Andalucía! Pero no, lejos de eso, nos hemos atrevido, tímidamente, a presentarnos ante nuestros parientes ricos –otros no tanto- para decir: ¡hola, soy andaluz y proespañol, a vuestro servicio; contad con nosotros!.

Cuando pienso en nuestra mentalidad (esa a la que tanto aluden aquellos que se erigen en salvadores del pueblo andaluz, los que se asustan de decir nación, como si con ello ofendiéramos a alguien), la justifico diciendo que es cosa de generaciones, de circunstancias vitales, influenciadas más o menos por la geografía y las actividades económicas llevadas a cabo.

Nunca se me habría ocurrido pensar que mentalidad es un legado histórico, algo de lo que no nos podemos desprender...

Y es que, claro, tres mil años de ocupación no deben ser suficientes. Desde luego, la mentalidad del colonizado es difícil de erradicar: ha nacido y crecido sintiéndose dependiente.

Por si alguien pensaba que echar la siesta significa estar dormido, yo quiero decirle que NO; que basta ya de calificativos graciosos y de epítetos gratuitos.

Nací al pie del Genil (un río andaluz, por cierto), en la subbética.

Aprendí a caminar agarrándome a las retamas, conocí el romero y la estepa corriendo detrás de las cabras, acarreé tamujos y abulagas en los mulos para las noches frías del invierno, surqué los olivos con la yunta, segué con la hoz las laderas de la tierra que me vio nacer, y me derretía en la era bajo el sol en los días del agosto...

Mientras tanto, no estaba dormido; estudiaba, estudiaba y trabajaba: la construcción, la vendimia, la hostelería, las clases particulares... estudiaba y trabajaba pensando que las realidades y las circunstancias nunca son eternas (no iban a serlo), que con esfuerzo y tesón se pueden cambiar, que el yugo se podía romper y que el hombre y los pueblos pueden labrarse su propio destino...

Y en eso sigo, un tanto dolido porque los que deciden, a estas alturas, siguen decidiendo por mí.

Y con el beneplácito de los votos, nuestros gobernantes, quieren consagrar la dependencia.

De dormido nada; esta vez no me aguanto y lo digo: “entre todos -para que nadie sea culpable- han vendido a Andalucía”.

No sé si en el transcurso o final de estas reflexiones se dejará entrever mi filiación política; yo creo que sí, aunque ahora eso sea lo que menos importe.

Hay un dicho rural –haciendo honor a mi origen- que versa sobre “ vender la burra” y que significa básicamente el intento de engañar al otro, aun siendo el engañado consciente.

Pues bien, nuestros políticos, con el tema del Estatuto ¡nos han vendido la burra! Se han puesto de acuerdo –que ya es raro- para eso, para engañarnos (con perdón para el noble animal, que hemos andado y desandado muchas veces juntos el camino).

Nos intentan hacer valer un proyecto de estatuto que no dice nada nuevo respecto del anterior, un proyecto de estatuto que no garantiza el progreso de Andalucía y, quizás sea lo más irrisorio, no la define (y de verdad, créanme: prefiero decir que no se define a entrar en el cómo se define)

Defender una idea, una mentalidad, un territorio o un status de las cosas, no significa ir contra otras ni otros.

Me explico: defender a Andalucía no significa ir contra España ni contra nadie, ya se llame Murcia , León o Cataluña. Pues con la reforma del estatuto, el que ahora tenemos que aprobar (no sé por qué), parece como si el Gobierno andaluz y sus aliados tuviesen la duda sobre si renacerá, o no, el espíritu del 28F y les devolviese la propuesta al sitio de dónde no debió salir: las meses negociadoras.

Nada más lejos del concepto Pueblo que una Reunión de señores/as con intención de casar distintas Proposiciones Semánticas.

Lo que ha podido ocurrir no alcanzo a verlo: o los políticos tienen intereses que yo ni sospecho, o han sentido miedo de plasmar las necesidades de la tierra andaluza y sus gentes o...¡tienen complejo de andaluces! Porque a lo mejor es eso, todavía no creen que se han ganado el derecho de DECIR –no el de hablar, que ése sí lo tienen claro-. Como iba diciendo, defender a Andalucía no significa estar contra nadie; sino afianzar y consolidar lo que es realmente nuestro.

En la actual propuesta de estatuto, la que vamos a votar, llama la atención -por no decir indignación- las reiterativas alusiones a: “...si el estado...”, “siempre que...”, “dentro de...” Señores y señoras parlamentarios/as, ¿estaban ustedes redactando el Estatuto o pidiendo permiso?

Llegarán épocas en las que Europa, o donde quiera que estemos metidos, deje de darnos limosna, los intereses mercantiles se desplacen y los territorios y pueblos deban coexistir en paridad con sus recursos y riqueza.

En ese día, yo no lo veo tan lejano, ¿qué tendremos los andaluces? ¿Tierra y empresas? ¿Infraestructuras? ¿Mercados? ¿Líneas comerciales e ingresos propios?... todo ello si el estado lo permite, claro.

Perdonen, pero el concepto de estado en el siglo veintiuno no es una visión hegemónica y patriarcal del territorio, sino una forma de gobierno asumida –en condiciones de igualdad- por sus miembros, los cuales deciden formar parte de él.

Con el dolor de mi corazón; voy a tener que decir NO cuando me gustaría decir sí. Pero es que la historia se repite y cuando yo creía que avanzábamos, resultaba que nos habíamos dado la vuelta.

Juan Gámez Cobo
Fuentes de Cesna (Granada)
YA ESTA BIEN DE TANTO CACIQUISMO
LUCHEMOS POR UNA ANDALUCIA LIBRE